Hijo de Torcuato Rodriguez Castro, benemérito profesor de música, y Josefina Zubieta, se crió en un ambiente rodeado de corcheas y solfeos. De joven lo atrajo la marina y su mundo de valores, emoción y excelencia profesional. Se recibió de guardiamarina con la Promoción 78. En 1952 realiza relevamientos costeros navales en Ushuaia. Inmediatamente comenzó sus estudios de Ingeniera Naval y ya con el título de Ingeniero y el grado de Teniente de Navío, decidió que su mayor contribución a la Armada y su país serían desde la construcción naval como civil.
En 1960 entra en Astilleros Alianza y luego de rescatarlo de la quiebra comienza como principal accionista un ambicioso plan de crecimiento y expansión que se concreta a partir de 1970. Con la introducción en la Argentina del concepto de grada de transferencia, y el Syncrolift®, un ascensor sincrónico de embarcaciones de gran porte, fue el cerebro creador de una verdadera “fabrica de buques”. En 1978 Astilleros Alianza completaba un barco de gran porte cada 6 meses, mientras que el resto de la industria lo hacia en 20 meses. Bajo su dirección técnica se llegaron a exportar los mayores bulkcarriers (graneleros) construidos en la Argentina. En su mejor momento 1982, la producción de Astilleros Alianza colocó a la Argentina dentro de los 10 primeros países constructores navales del mundo, luchando el primer puesto de América latina con Brasil. Pero no todo era cantidad, también la calidad de construcción de sus buques era reconocida por las mayores Sociedades de Clasificación Internacionales. Un total de 54 barcos de portes entre 10.000 y 66.000 toneladas, graneleros, petroleros, barcos de carga general, reefers de elevada tecnología, draga de succión de alta complejidad y muchos otros barcos menores salieron de sus gradas.
Diferencias personales y de visión del negocio, con su principal socio, lo llevaron en 1984 a vender su participación accionaria y separarse de la industria naval nacional. Una industria que, con la liberación de los fletes internacionales en 1986 y una política económica equivocada durante los `90, no pudo competir y mantener la excelencia cayendo inexorablemente luego de su partida.
En 1989 vuelve a Ushuaia pero esta vez con otros planes. Con su esposa y compañera, Celia, deciden construir juntos un hotel para ampliar la oferta turística de una ciudad que todavía estaba en crecimiento. En 1993 se inaugura “Las Hayas Resort Hotel” un verdadero 5 estrellas ubicado en el lugar más remoto de la Argentina. Aquellos primeros años no fueron fáciles. El turismo tardó en desarrollarse y la ocupación era muy baja. Pero su tesón y espíritu de lucha llevó a Las Hayas Resort a niveles de excelencia internacional, miembro de The Leadings Hotels of the World.
Su pasión por la Argentina y su confianza en el país quedan una vez mas demostradas por la inversión en las vísperas del año 2000 del impresionante Salón Milenio, sede permanente del Festival de Música Clásica de Ushuaia, otro de sus sueños hecho realidad. Ya a la edad 74 años seguía soñando con nuevas inversiones y la muerte lo encuentra con las bases de su segundo hotel, “Los Acebos Ushuaia”.
Hoy en día su esposa Celia y sus hijos continúan la tarea comenzada, buscando mantener la calidad y excelencia de los proyectos. A través de la “Fundación Ing. Héctor J. Rodriguez Zubieta” se fijó como Misión la promoción, el impulso y desarrollo de la cultura musical entre los pobladores de Ushuaia y los habitantes de la Provincia de Tierra del Fuego, con el mismo amor, pasión y excelencia que Héctor Rodriguez Zubieta le dedicaba a sus proyectos, siendo la música y la ingeniería su vocación mas profunda conjuntamente con su amor a la Patagonia.
En 1960 entra en Astilleros Alianza y luego de rescatarlo de la quiebra comienza como principal accionista un ambicioso plan de crecimiento y expansión que se concreta a partir de 1970. Con la introducción en la Argentina del concepto de grada de transferencia, y el Syncrolift®, un ascensor sincrónico de embarcaciones de gran porte, fue el cerebro creador de una verdadera “fabrica de buques”. En 1978 Astilleros Alianza completaba un barco de gran porte cada 6 meses, mientras que el resto de la industria lo hacia en 20 meses. Bajo su dirección técnica se llegaron a exportar los mayores bulkcarriers (graneleros) construidos en la Argentina. En su mejor momento 1982, la producción de Astilleros Alianza colocó a la Argentina dentro de los 10 primeros países constructores navales del mundo, luchando el primer puesto de América latina con Brasil. Pero no todo era cantidad, también la calidad de construcción de sus buques era reconocida por las mayores Sociedades de Clasificación Internacionales. Un total de 54 barcos de portes entre 10.000 y 66.000 toneladas, graneleros, petroleros, barcos de carga general, reefers de elevada tecnología, draga de succión de alta complejidad y muchos otros barcos menores salieron de sus gradas.
Diferencias personales y de visión del negocio, con su principal socio, lo llevaron en 1984 a vender su participación accionaria y separarse de la industria naval nacional. Una industria que, con la liberación de los fletes internacionales en 1986 y una política económica equivocada durante los `90, no pudo competir y mantener la excelencia cayendo inexorablemente luego de su partida.
En 1989 vuelve a Ushuaia pero esta vez con otros planes. Con su esposa y compañera, Celia, deciden construir juntos un hotel para ampliar la oferta turística de una ciudad que todavía estaba en crecimiento. En 1993 se inaugura “Las Hayas Resort Hotel” un verdadero 5 estrellas ubicado en el lugar más remoto de la Argentina. Aquellos primeros años no fueron fáciles. El turismo tardó en desarrollarse y la ocupación era muy baja. Pero su tesón y espíritu de lucha llevó a Las Hayas Resort a niveles de excelencia internacional, miembro de The Leadings Hotels of the World.
Su pasión por la Argentina y su confianza en el país quedan una vez mas demostradas por la inversión en las vísperas del año 2000 del impresionante Salón Milenio, sede permanente del Festival de Música Clásica de Ushuaia, otro de sus sueños hecho realidad. Ya a la edad 74 años seguía soñando con nuevas inversiones y la muerte lo encuentra con las bases de su segundo hotel, “Los Acebos Ushuaia”.
Hoy en día su esposa Celia y sus hijos continúan la tarea comenzada, buscando mantener la calidad y excelencia de los proyectos. A través de la “Fundación Ing. Héctor J. Rodriguez Zubieta” se fijó como Misión la promoción, el impulso y desarrollo de la cultura musical entre los pobladores de Ushuaia y los habitantes de la Provincia de Tierra del Fuego, con el mismo amor, pasión y excelencia que Héctor Rodriguez Zubieta le dedicaba a sus proyectos, siendo la música y la ingeniería su vocación mas profunda conjuntamente con su amor a la Patagonia.
